Compartir

«César Aira, esa fuerza extraña», por Pablo De Santis

 

césar aira

Clarín — «Toda novela es una isla que separa a sus personajes de las otras cosas y seres del mundo. Pero a veces la ficción tiene islas “de verdad”. En el archipiélago de la literatura argentina hay algunas tan célebres como aquella donde transcurre La invención de Morel, y otras secretas como la nouvelle Isla, de Alfredo Pippig, escritor y pintor que se radicó en El Bolsón, y cuyo rastro se pierde entre traducciones de Kafka y óleos de montañas.

En Lugones, César Aira inventa su propia isla, que es su versión del recreo El tropezón. Allí fue donde Leopoldo Lugones puso fin a su vida una noche de verano de 1938.

Aira escribió Lugones en 1990, y el libro durmió durante treinta años. Es un eslabón perdido entre sus novelas de fines de los años ochenta, como La liebre o Embalse, más largas —y en cierto sentido, más “normales”— y las que vinieron después, breves, donde los hechos se acumulan sin pausa. Lugones es una novela más bien larga —dentro de las magnitudes de Aira— pero a la vez está contada con el vértigo habitual de las novelas posteriores. Y está escrita con cierta voluntad vanguardista: todo el libro es un largo y único párrafo, como si se le dejara al lector la tarea de hacer su propio libro, separando capítulos y recortando escenas.

Ese mismo párrafo único pronto abandona a Lugones para presentar una fauna de personajes insólitos, entre huéspedes y anfitriones del recreo. Pero de tanto en tanto hay alusiones a la vida real: la voluntad del escritor de matarse; su biografía de Julio Argentino Roca, inacabada; su hijo policía y torturador; el recuerdo de La guerra gaucha…

Lugones no tarda en convertirse en un personaje airiano; no solo adopta una identidad falsa, sino que, al reflexionar sobre su obra, descubre un vacío. Un episodio de la vida del general Roca ilumina al escritor sobre su propia obra. Cuando Roca fue hacia el Sur, con todo su ejército, no encontró un solo indio. “No es que los indios se hubieran ido a otra parte, o que hubieran retrocedido como hicieron los rusos con Napoleón; no, qué esperanza, los indios no estaban allí porque no existían. La expedición fue en cierto modo una comprobación: no había indios. Roca volvió, y pudo decirle a la Patria: te traigo un souvenir maravilloso: el Vacío” […]».

Leer el artículo del académico de número Pablo De Santis publicado en Clarín el viernes 18 de septiembre.

 


ÍNDICE DE NOTICIAS DE ESTE NÚMERO


T. Sánchez de Bustamante 2663
C1425DVA - Buenos Aires
Argentina
Tel.: (011) 4802-7509 int. 5
boletindigital@aal.edu.ar
http://www.aal.edu.ar
Atención y venta de publicaciones: www.aal.edu.ar/shop2013/

   

Para suscribirse al BID, haga clic aquí

Periodicidad del BID: mensual
ISSN 2250-8600