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Alberto Manguel: «Sin una Biblioteca Nacional un país no puede tener conciencia ni de su identidad ni de su memoria»

 

alberto manguel

La Gaceta, de Salta — «El lector maestro de origen argentino y “ciudadanía cultural planetaria” pasa sus días de aislamiento en Montreal (Canadá). En esa ciudad americana con espíritu francés, Alberto Manguel (1948, Buenos Aires) se siente a salvo de los neoyorquinos que subestimaron el coronavirus. “La gente estaba muriéndose alrededor y no querían usar barbijos. Yo sé que voy a morir, pero no quiero que sea de una forma tan tonta. ¿Para qué voy a poner la cabeza en la boca del león?”, interroga en un diálogo de Skype desde su habitación de hotel. El ex director de la Biblioteca Nacional cree que abundan las razones para preocuparse. “Somos una especie genial y estúpida: no aprendemos de la experiencia”, afirma.

La quietud sienta bien a Manguel, que está habituado a vivir entre la Argentina, Estados Unidos y Europa. Tanto que augura que la pandemia pasará, pero la virtualidad no. “Hemos visto que la sociedad digital es posible”, dice mientras mueve unas manos enfundadas en mitones. Claro que Manguel sigue amando los libros “de carne y hueso”: por algo dejó 40.000 volúmenes representativos de 10 lenguas empaquetados en Francia, a la espera de un destino. El autor de “Una historia de la lectura” (1996) tampoco se priva de hablar de su experiencia como funcionario público de la gestión del expresidente Mauricio Macri. “En la Argentina todo está infectado de política en el peor sentido de la palabra”, refiere. En el diálogo tampoco falta una alusión a su idolatrado Jorge Luis Borges ni un comentario picante sobre su viuda María Kodama. Pero lo mejor está al final donde, con lógica quijotesca, Manguel da una receta para sacar a este año pandémico “la mejor experiencia intelectual de nuestras vidas”».

A continuación, algunas de las declaraciones del académico correspondiente de la AAL Alberto Manguel en la entrevista con La Gaceta, publicada el domingo 30 de agosto:

Sobre la pandemia: «Nosotros somos una especie que insistimos en abrazar las teorías que nos convienen para hacernos sentir cómodos. Suponemos que hemos entrado en un siglo o un milenio donde la ciencia reina, y no es así: somos tan supersticiosos o más que los hombres de las cavernas, y con mucha menos justificación. […] Hasta hoy no pensaba mucho en el gesto cotidiano de dar la mano o de besar a una persona. En la Biblioteca Nacional había casi 1.000 trabajadores, y a mí todos me besaban dos o tres veces por día. Entonces, eso tiene obviamente que cambiar y estamos adoptando otros gestos, como los árabes o los turcos, que se saludan con esta expresión tan linda de ponerse la mano en el corazón […]».

Sobre su actividad como director de la Biblioteca Nacional: «Fue una de las experiencias más extraordinarias de mi vida porque pude aprender de los que sabían cómo se maneja una Biblioteca Nacional. Respeté inmensamente a quienes llevan 20 o 30 años haciendo su tarea en un rincón de la institución, y me di cuenta de las posibilidades enormes que podría tener. […] Sin una Biblioteca Nacional un país no puede tener conciencia ni de su identidad ni de su memoria […]».

Sobre la función pública en la Argentina: «Es una situación universal, aunque hay países donde la cultura está más separada de la política y eso facilita las cosas. En Canadá nadie sabe quién dirige la Biblioteca Nacional. En la Argentina todo está infectado de política en el peor sentido de la palabra, como actividad partidaria, sin un programa, una visión o una filosofía, simplemente porque yo soy de Boca y usted es de River nunca nos vamos a entender […]».

Sobre la ética cívica: «Creo que en el fondo el ser humano es una criatura que no quiere hacer mayor esfuerzo y que esta ley caracteriza a nuestra especie, y ha conducido a inventos magníficos, como el fuego y el cuchillo. Pero esto también lleva a imaginar que sin esfuerzo podemos lograr lo que queremos: pensamos que sin ceder nuestros privilegios y libertades, podemos crear una sociedad. En los Estados Unidos, por ejemplo, el derecho a portar armas prevalece sobre el del acceso universal a la salud. Ese absurdo no llegó tanto a la Argentina, pero sí hay algo de eso porque nuestra identidad nacional desde el Martín Fierro desconfía de la autoridad. No es casual que hayamos elegido a Martín Fierro como nuestro héroe nacional […]».

Leer la entrevista a Alberto Manguel en La Gaceta.

  • La Opinión de Murcia: «Embalando mi biblioteca», sobre el libro Mientras embalo mi biblioteca, de Alberto Manguel
 


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