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«Ángel Rosenblat», por José Luis Moure

 

angel rosenblat

La Nación — «En la entrevista publicada en La Nación (suplemento Ideas) del sábado pasado [5 de diciembre], el prestigioso historiador José Carlos Chiaramonte hace referencia a un libro de un científico venezolano, Ángel Rosenblat, que se llama El nombre de la Argentina. Un desliz de los que suelen cometerse en la transcripción de las declaraciones orales puede explicar que en la escueta identificación de Rosenblat quede oculta la profunda raigambre argentina de una de las mayores figuras de la filología americana del siglo XX, solo comparable a la del dominicano Pedro Henríquez Ureña.

Nacido en Polonia en 1902 e instalado a los seis años con su familia inmigrante en la Argentina (provincia de Neuquén), con el ídish como lengua materna, Ángel Rosenblat realizó en nuestro país toda su formación hasta la licenciatura en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), en cuyo célebre Instituto de Filología colaboró bajo la dirección de Amado Alonso y en la que habría de doctorarse en 1945. En 1932, mientras se encontraba realizando estudios en Alemania como becario de nuestra universidad, la Cámara Federal de Apelaciones de Buenos Aires dispuso retirarle la carta de ciudadanía por su juvenil militancia comunista, circunstancia desgraciada que demoró su regreso al país hasta 1939, cuando, después de haber ampliado su formación en España junto a Ramón Menéndez Pidal, en los Institutos de Fonética y de Etnología en París, y de haberse desempeñado como profesor en la Universidad de Quito, pudo reintegrarse a nuestro Instituto de Filología para seguir desarrollando una extraordinaria labor de investigación. Un segundo vendaval político desatado bajo el régimen entonces imperante provocó la dispersión del irrepetible grupo de intelectuales allí nucleados y la definitiva emigración de Rosenblat a Venezuela en 1947, país en el que formó su hogar, cuya nacionalidad obtuvo en 1950, donde habría de fundar y dirigir el Instituto Andrés Bello y continuar su brillante obra filológica con el reconocimiento que las instituciones de la Argentina, su país, le habían retaceado en dos oportunidades.

En el centenario de su nacimiento, la Academia Argentina de Letras, de la que Rosenblat fue correspondiente, le rindió homenaje en sesión pública el 25 de noviembre de 2004. El volumen LXIX del boletín de nuestra institución incluye una nota de quien esto escribe en la que el lector interesado podrá completar la apretada información biográfica y bibliográfica que esta carta no puede ofrecer.

Nuestra aclaración en nada pretende menoscabar el mérito de la república hermana de Venezuela, puesto que a su abrigo hospitalario el gran filólogo americano pudo vivir y trabajar en paz y con fecundidad hasta su muerte, en Caracas, en 1984. Pero no podemos darnos el lujo de negarlo tres veces. Rosenblat fue esencialmente argentino; en una nota autobiográfica publicada en 1967 lo certificó de esta manera: “Cuando me preguntan, digo por lo común que he nacido en la Argentina. En parte por ahorrarme explicaciones, y quizá también porque acaso me hubiera gustado nacer allí. En cierto sentido, es efectivamente la tierra de mi nacimiento”».

Leer el artículo del académico de número y vicepresidente de la AAL José Luis Moure publicado en La Nación el martes 8 de diciembre.

 


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