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«Psíquicos “incorrectos“», por Emilio Bernal Labrada

 

Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española — Estimadas-os amigas-os (sic): Hoy empezamos con lo que viene a ser el colofón de costumbre.

LA PUBLICIDAD, PERSISTENTE PECADORA. En cierta etapa no tan lejana los estadounidenses contemplaban incrédulos un anuncio televisivo de autodenominados «psíquicos»; es decir, presuntos adivinos capaces de cantarle a cualquiera su presente, pasado y futuro como si tal cosa. Ah, y por si fuera poco, ¡por teléfono! Bastaba llamar al número en pantalla, y el vidente (o en este caso «oyente»), cual oráculo moderno, le resolvía todas sus preocupaciones a distancia, sin siquiera echarle un vistazo a la palma de la mano.

Y todo a un precio «regalado»: US$5 por minuto. El único detalle —sépanlo los incautos— es que tal vez le llevara hora y media de habladurías acertar con dos o tres verdades. Esas verdades —por ejemplo, «es usted inteligente, atractivo y generoso»— podrían costarle la friolera de US$300 a US$450!

Por cierto, que el principio número uno del adivino es, por si acaso, que, si pronostica suficientes cosas o acontecimientos, es seguro que algunos se van a dar. Así que me imagino que los «psíquicos» se darán gusto pronosticándoles interminablemente a los incautos toda clase de buenos augurios. Ah, y si hacen un largo recuento del pasado del «cliente», también acertarán en algo, tarde o temprano. Huelga decir que si la (clari)videncia fuera tan precisa, sus practicantes no tendrían que trabajar, pues a diario sacaríanse la lotería.

Ahora bien, volviendo al cotidiano y aburrido mundo, lo que más nos llama la atención —como es la lingüística nuestra especialidad—, es que al parecer los dones de nuestros amigos los videntes no les aclaran cómo expresarse en buen castellano. Saben el pasado, presente y futuro de todo el mundo, pero ignoran el del español. Al menos el presente. Si no, cómo explicarse que, a modo de cierre con broche de oro, el citado anuncio proclame lo siguiente: «¡Al fin, alguien encontró los psíquicos correctos!».

Ya sabrán nuestros lectores de dónde ha salido semejante frase (a la cual nos abstendremos de obsequiarle las «flores» que se merece). Pues claro, de la anglofonía, pues el anuncio es copia fiel del que sale en la anglotelevisión.

Cuál será el defecto de tal frase, se preguntarán ustedes. Aclarémoslo, a nuestra vez, con una sola y pertinente pregunta: si hay psíquicos «correctos», entonces tiene que haberlos «incorrectos». Con un instante de reflexión caeremos en la cuenta de que ni psíquicos, ni neurocirujanos ni barrenderos se califican así, de «correctos» o «incorrectos». En español son «competentes», «capaces», «aptos», «acertados», «idóneos», «óptimos», o bien «despistados», «incapaces», «ineptos», etc. Porque, claro, lo que es «correcto» o no, será su pronóstico, su visión, su manera de captar el porvenir, y nunca el propio adivino.

Sin querer apoyar a tales genios, redactaríamos el anuncio en los siguientes términos: «¡Salga de dudas! ¡Consulte a nuestros geniales psíquicos, los más acertados y honrados en la historia de la humanidad!» ¿Qué les parece? (P.D. En reciente viaje a Grecia, supimos que los antiguos oráculos con sede en Delfos, también hacían sus trampitas. Qué raro, ¿verdad?).

La mayoría «de nosotros». Una revista de gran prestigio internacional —cuyo nombre rima con «elecciones»—, y que brinda traducciones por lo general excelentes, persiste en un error muy notorio con la frase «the rest of us», que invariablemente vierte así: «el resto de nosotros». ¡No sabía yo que «nosotros» tuviera un resto! Lo mismo se aplica a «la mayoría de nosotros» (most of us), «muchos de nosotros» (many of us), etc. Señores de «Elecciones»: se trata de un modismo inglés que no procede en español, pues esa locución, «of us», se expresa así: el resto, la mayoría, muchos, etc. Es decir que se omite la inútil frase «de nosotros». O en último caso se sustituye con otra: «del grupo», «de los presentes», «de los integrantes», etc. Por ejemplo: «el resto [sin “de nosotros“] nos fuimos», «la mayoría [sin “de nosotros“] nos sentimos insatisfechos», etc.

PRONOSTICAMOS que los «psíquicos», que todo lo saben, y que se habrán sacado innumerables loterías, no nos harán el menor caso, aunque muchos («de nosotros») sigamos creyendo en sus infalibles vaticinios.

Emilio Bernal Labrada,
para su columna mensual titulada «Nuestro idioma de cada día».

 


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